IMAGEN iLUSTRATIVA | En diferentes colegios de Mercedes, los padres comenzaron a enfrentar lo que muchos describen como una verdadera odisea económica: la organización de la tradicional Fiesta Anual de Educación Física. Los centros educativos solicitan a los tutores una lista de elementos para que sus hijos puedan participar: trajes, accesorios, flotadores, disfraces, remeras de colores específicos, pulseras, vestimentas especiales, mangas para actividades como el hula-hula, porras, entre otros.
A esto se suma el costo de las entradas, que deben abonar obligatoriamente los acompañantes y tutores, comenzando desde $2.000 por persona. Para familias con varios hijos, el gasto total puede ser muy elevado, ya que deben adquirir vestimenta para cada estudiante y además asistir a presenciar la fiesta.
A pesar de los altos costos y exigencias, los padres dejan en claro que no están en contra de la educación ni de que sus hijos participen de las actividades escolares. Lo que cuestionan es la forma en que se implementan estas exigencias, señalando que deberían poder adaptarse a la ropa que cada familia ya posee o usar la vestimenta de educación física del colegio, sin que ello afecte la participación de los estudiantes.
Además, algunos padres denuncian que los directivos condicionan la participación de los alumnos, indicando que quienes no cumplan con los requisitos podrían sufrir repercusiones en sus calificaciones. Esto genera malestar y cuestionamientos sobre la ética de quienes dirigen los colegios, más allá de la asignación de los chicos a las actividades.
Otro tema que genera preocupación es la transparencia sobre el destino del dinero recaudado, tanto de la cantina como de las entradas. Muchos tutores se preguntan en qué se invierte realmente ese dinero y reclaman mayor claridad, especialmente en un contexto económico donde cada gasto representa un esfuerzo significativo para las familias.
La situación abrió un amplio debate sobre los límites de los pedidos de los colegios y la presión que recae sobre los padres, quienes se ven obligados a asumir costos elevados para cumplir con la tradicional celebración, sin que exista información clara sobre el manejo de los fondos recaudados.
