Cáncer de mama | El 90% puede curarse si se detecta a tiempo

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Más del 90% de las personas diagnosticadas con cáncer de mama en etapas tempranas tienen posibilidad de curarse. Estas cifras indican que la detección temprana y el acceso a controles regulares resultan decisivos para el pronóstico. El cáncer de mama es la enfermedad oncológica más frecuente, tanto en Argentina como en el mundo.

Cada año se reportan más de dos millones de diagnósticos de cáncer de mama y unas 680.000 muertes a nivel global, indica el Observatorio Global del Cáncer (Globocan), la plataforma que reúne estadísticas del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En Argentina se notifican unos 22.000 casos nuevos al año. Esta alta incidencia convierte a esta enfermedad en la principal causa de muerte oncológica en mujeres del país. Además, se estima que una de cada ocho mujeres desarrollará la enfermedad en algún momento de su vida.

Los especialistas coinciden en que detectarla a tiempo marca la diferencia y abre la puerta a tratamientos menos invasivos y más efectivos.

DETECCIÓN TEMPRANA

En este contexto, Nicolás Farah, del servicio de Ginecología y Mastología del hospital Alemán, indicó, a un medio nacional, que “con un diagnóstico precoz, la curación alcanza el 90% en tumores de mama menores a 1 cm”. Ya que la detección temprana se presenta como el factor decisivo para mejorar el pronóstico.

En esa misma línea, Sebastián Alba Posse, médico cirujano oncológico y especialista en patología mamaria del hospital de clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), expresó que “9 de cada 10 pacientes diagnosticados en etapas tempranas tienen chance de curación”.

Ambos profesionales enfatizaron que cuanto antes se detecta la enfermedad mayores son las probabilidades de bienestar.

La concientización y la información precisa pueden marcar la diferencia en la vida de miles de mujeres en Argentina, donde la incidencia de esta enfermedad sigue en aumento.

Los factores de riesgo se dividen en dos grandes grupos: modificables y no modificables.

Entre los primeros, tanto Farah como Alba Posse destacan la obesidad, el sedentarismo, los hábitos alimentarios inadecuados y el consumo excesivo de alcohol.

“El estilo de vida juega un rol crucial en la prevención”, afirmó el especialista del hospital de clínicas.

En cuanto a los factores no modificables, el sexo, la edad y los antecedentes familiares ocupan un lugar central. La enfermedad no solo afecta a mujeres mayores, sino que también puede presentarse en personas jóvenes, por lo que la vigilancia y el control deben ser constantes en todos los grupos etarios

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